sábado, 2 de abril de 2016

El Barroco 

  En el clima de crisis barroco, los ideales renacentistas de orden y equilibrio desaparecen y dejan paso al pesimismo y al desengaño. Como expresión de estos sentimientos se ha de entender, por una parte, el afán de mostrar la inestabilidad de lo real, la temporalidad y fugacidad de todo lo existente y, por otra, la extravagancia, que da paso a lo monstruoso y a la complicación y artificiosidad. De ahí la preferencia por los jardines laberínticos, el contraste de luces y sombras en pintura, la preferencia por la línea curva y quebradiza en la arquitectura, o el "gongorismo" en literatura. Pero, al mismo tiempo, en evidente contraste, la experiencia de vivir en un mundo convulso produce dolor, melancolía, angustia, y así se busca el goce en la contemplación de lo mutable y se canta al tiempo, a los relojes, a las ruinas... en definitiva, a la fugacidad de la vida y a la necesidad de vivir el momento. A su vez, la conciencia de la miseria de la condición humana hará surgir al pícaro y las páginas satíricas y moralizadoras de Quevedo o de Gracián.

Att: Puertas Johanna 4 "A"

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